Al regresar al cuarto por primera vez vieron todo a la luz del día y quien estaba en cada cama.

A la par de Alex junto a la ventana estaba Erika una mujer de 22 años que había intentado intoxicarse con pastillas, en la siguiente cama Vivían o Vi como les dijo que prefería ser llamada de 32 años que ingresó por ataques de pánico, también junto a la ventana, a su lado una señora llamada María que recién había perdido a su hijo, y junto a la pared una chica de 27 años llamada Gabriela que había ingresado porque estaba profundamente deprimida debido a su relación de pareja.

Se saludaron entre ellas y de repente el cuarto ya no se sentía tan oscuro. Cada quien estaba ahí por razones distintas, pero tenían en común el hecho de que estaban ahí porque necesitaban la ayuda y quizás conocer a otras chicas y mujeres que estaban pasando por un algo difícil si bien no eran las mismas causas, el dolor y la empatía las unía.

Decidieron entre todas abrir las ventanas para que entrara la luz y aire fresco del jardín. En ese momento no fue lo único que se abrió, sino también los ojos de cada una de ellas y de cómo podían verse de alguna manera reflejadas en las demás.

Ali dijo que estaba ahí porque sus padres la habían llevado porque ya no quería comer entre otras cosas, y Alex estaba ahí porque pensaba constantemente en morir, les dijo que era VIH positivo y que estaba medicada. Que no podía contagiar a nadie, las demás no la miraron con miedo sino preguntándose cómo alguien tan joven podía estar en ese estado. Algo que más adelante revelaría.

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